Desolación.

Estoy triste, no tengo ganas de nada, como que respiro simplemente porque lo debo hacer, un tremendo vacío que siento y no es por algo en concreto, es mi autoestima que vuelve a decaer. Otra vez no me quiero equivocar, de nuevo estoy hundido en este agujero negro infinito, del cual es tremendamente difícil salir, al intento siempre volvés a tropezar, incluso vas más bajo de lo que ya estabas.

Es simplemente mejor dejarse llevar por este sentimiento, es mejor que nadie te hable, es mejor seguir triste así y que fluya, porque al intentar mejorar, engañando tu estado, al primer escaño te das cuenta de que es peor, que te hundís cada vez más. Aunque no pasa esto cuando estoy con mis amigos, es raro, cada vez que llego a este lugar me carcome la tristeza, quiero salir de acá gritando, el estrés acumulado quiere reventar a toda costa, debo hacer que salga de mi pecho.

Tengo tantas responsabilidades que cumplir, tengo un trabajo que no disfruto ejercer; estoy capacitándome para trabajar en mi rubro que comenzaré a ejercer el próximo mes si todo va bien, pero ahí está el problema: Nada va bien.

No confío en mi persona, en mis cualidades, en lo que puedo dar. Soy un tipo que duda del que hace unas semanas estaba inmensamente contento, sonriente a cada segundo sin importar lo que pasara. Me siento solo, siento que me abandoné, que ya no me presto atención, y asimismo mis “amigos” tampoco. Que sí, tengo a mis amigos del barrio, con los que todos los días me reúno a tomar tereré y a jugar, pero… ¿Los demás? ¿Los que decían: “Contá conmigo para lo que sea”? Hoy son como almas en pena vagando por el cementerio, al igual que yo. Sin embargo yo vago con tristeza, con desgana, viendo como pasan los brujos y practicantes de magia negra apoderándose de mis huesos, mientras ellos lo hacen saliendo a divertirse, pasándola bien entre las tumbas y los pasillos, pero como bien digo: solo entre ellos.

Quisiera que llegue ya el momento sagrado, en el que suba al bus que me lleve a la ciudad de mis padres en Brasil y estar con ellos; abrazar a mi madre y decirle cuánto la amo y cuánto la necesito, abrazar a mi padre y decirle cuánto lo extraño, ver a mis hermanos y sonreír con ellos, pidiéndoles que no vengan acá, que se queden allí, que aquí la vida se vive horrible.

Estoy rodeado de gente que simplemente te acompaña en los buenos momentos, que cuando me escucharon estando mal, fue por curiosidad, para el día de mañana tener algo con qué excusarse, echando en cara esa situación. Los elegí a ellos antes que a mis padres, ahora lo estoy pagando. Me lo merezco, esta vida de mierda me lo merezco, aunque haré lo posible por revertirlo, mas no vendrán conmigo los que hoy no están. Podré ser bondadoso, ayudarte en algo que necesites, pero sé bien quiénes son los que me bancaron en serio, y quiénes solo quisieron verme sufrir.

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2 comentarios en “Desolación.”

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